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El modernismo “art nouveau” en el Valle de Sóller

 

Detalle ventana Can Prunera

La ubicación del pueblo de Sóller en un profundo valle aislado del resto de la isla, unido a su riqueza en agua y buenas tierras para el cultivo, fueron elementos clave para su importante desarrollo económico a inicios del siglo XIX. La única puerta hacia el exterior fue el mar y las costas del sur de Europa y América su destino.

Entre el 1820 y 1870  se produjo en Sóller  un importante crecimiento económico causado por un importante desarrollo agrícola y comercial basado en el cultivo del olivo, la naranja y la industria del algodón, productos que fueron exportados vía marítima a Europa y América. Desgraciadamente hacia finales del siglo XIX hubo una importante crisis económica en el valle causada por la plaga de la filoxera, la crisis del comercio de la naranja y la perdida de las últimas colonias americanas. Esta situación hizo que a inicios del siglo XX más del 20% (2.000 personas aprox.) de la población del valle hubiera emigrado en busca de fortuna a países como Francia, Suiza, Bélgica, América, Alemania, etc. Estos emigrantes pudieron entrar en contacto con las  nuevas corrientes y pensamientos intelectuales que circulaban por Europa. Con el retorno de los primeros emigrantes entre el 1920 – 1950 llegaron nuevas ideas y entre ellas el “art Nouveau” conocido como el modernismo.

Sóller es sin duda el centro urbano que más ejemplos de modernismo hay

Banco de Sóller

conserva en todas las islas Baleares. Con la inmigración de muchos de los sollerics que fueron a buscar fortuna y la habían conseguido, se empezó a construir un gran número de edificaciones de tipo residencial siguiendo las nuevas tendencias europeas (modernista, historicista y regionalista) según el origen de cada propietario. Estos pretendían mostrar su nuevo estatus social al resto de sus conciudadanos. Se construyeron nuevas y lujosas  villas, y  se reformaron fachadas de las casas siguiendo estas nuevas tendencias (según las posibilidades económicas de cada dueño). Este fervor renovador implicó que el pueblo de Sóller, en tan solo unos 20 años, cambiara su aspecto medieval por uno totalmente moderno e innovador. Tenemos que tener muy en cuenta que estos nuevos ricos se preocuparon por su pueblo e invirtieron para hacer de Sóller una auténtica ciudad moderna, hasta tal punto que dentro de los círculos intelectuales catalanes Sóller se había convertido en el modelo de ciudad ideal de la modernidad. Se construyó un Banco propio (1912), el primer  tren y tranvía de las islas (1911-1912), se embellecieron las plazas y calles con fuentes y árboles, a la iglesia se la reformó  mediante un proyecto realizado por Joan Rubió, discípulo de Gaudí, se abrieron teatros y cines, etc.

Iglesia Sóller

Si paseamos por el centro del pueblo y nos fijamos en los forjados de los balcones, la marquetería de madera de las puertas y ventanas, los cristales con incrustaciones y gravados,  podemos ver que en cada rincón y pequeño detalle del pueblo de Sóller encontramos alguna referencia al art Nouveuau que conllevó el momento de mayor riqueza de esta ciudad.

Si uno quiere ver al completo el ejemplo más espectacular de la arquitectura modernista civil de las Baleares, tiene que visitar el museo modernista de Can Prunera, ubicado en Sóller. Este excepcional y único ejemplo conserva en su interior todos los elementos originales (muebles, baldosas, forjados, marquetería, etc.). Por eso es prácticamente de obligada visita si uno visita el pueblo “modernista” de Sóller.

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